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Carmen Ubeda Ferrer

TODA VESTIDA DE BLANCO (ReposiciĆ³n)

Toda vestida de blanco

 

Juana, la de Peñalva,

dicen, mañana se va a casar,

toda vestida de blanco,

y con un ramo más níveo

que las flores del azahar.

Comienzan los arreglos

por la alborada,

que la boda será a las nueve,

las nueve de la mañana.

Entrado es el mes de junio,

y comienzan los calores,

por las llanuras planas

de secos y áridos terrones;

que para ir a la iglesia,

de Nuestra Señora María,

conviene que ondule el aire,

con fresco olor

a tomillo y manzanilla.

***

Entre las siete y las ocho,

estando ya alto el sol,

Juana se mira al espejo

toda vestida de blanco,

en su blanco resplandor,

y la joven, que cree estar sola,

baila y danza al son

que le marca cada instante

su esperanzada ilusión.

Más alguien la está observando,

con un negro pensamiento,

en la negra sombra

del más negro rincón.

Aprovechando un descuido

de la moza que se ensueña,

en su dulce espera,

salta un gañan despechado,

como un gato sobre ella.

En la boca le mete un trapo,

y sin piedad, ni miramiento,

la encapúcha con un saco.

El gañán, que no es otro,

que un viejo novio que tuvo

apenas en su niñez,

ni fue novio, ni fue nada,

pero él, empecinado,

siempre pensó que lo fue,

Él, novio y marido

por ley tenía que ser.

¡Será mía, o a nadie

jamás en la vida

le ha de pertenecer!

La pobre Juana, del susto,

como una azucena

ha quedado desmayada.

El hombre se carga el saco,

como mies o como lana.

Nadie le ha visto salir...

y cargado con su presa,

hacia un barranco lejano

ha marchado,

y en llegando al barranco,

tira el saco,

y dentro del saco a Juana

¡Toda vestida de blanco!

 

Carmen Úbeda Ferrer ©