Maribel Félix Medina

Historia de un abrazo.

Historia de un abrazo

                                                                        Para mi amiga Rosario

 

Tu abrazo fue mar,                                 

quiso vivir,

fue un abrigo donde esconderse tras los días de frío,

tras los días ausentes.

Fue de esos momentos indecibles

que se quedan en nosotros para siempre.

Pequeños júbilos que se quedan en el alma,

caricias de oro bajo la vida desalmada

que contraen el corazón y lo revierten.

 

Tu abrazo fue como el día, cresta de ola,

luz al rincón que se moría entre sombras,

arrabales perpetuos de temor deshojando su historia.

 

Hay abrazos que te contemplan y que se quedan… costó despegarse,

morirse siquiera,

se perdía tu presencia de vida verdadera,

aletargado instante.

 

Abrazo de vida para quien un día no la tuviera,

O viviera de mentira,

O olvidara sus instintos por debajo de la mesa,

escondidos, atrapados,

junto a esos otros abrazos que tal vez nunca se dieran.

 

Costó despegarse… de tu abrazo,

quedarme callada en tu silencio blanco,

llorando despacio.

Abrazo tan fugaz y tan largo

que casi no me acordara del motivo para darlo.

 

Y hermoso… tan hermoso como el mar,

salvaje, irrepetible, cálido,

abrazo gigante e inmortal

bajo la vida clamando.

 

Aquel espontaneo abrazo

aún permanece en mi piel

y bajo la piel lo guardo.

Mi vida con tu abrazo se queda

y ya no creo en más abrazos como ese

que tú aquel día me dieras.