Teodocio Potes

Sueño planetario, sueño extraño…

Esta mañana mientras

 el sol me quemaba la espalda

 y el arroyo me pedía que escuchara su incesante tremolina

 a cambio de su frescura interna;

mientras los arboles adquirían presencia

 y eran dueños de sus ramas de su espacio y de su sombra;

mientras el gran fondo azul salpicaba de color todo rincón;

mientras el viento, sin linderos, respetos ni privilegios

limpiaba de hojas muertas las ramas de los arboles,

refrescaba sudores o producía mil sonidos en mil distintas partes;

 mientras los pájaros, peces, insectos y demás fauna silvestre

 respetaban su instinto y su costumbre;

mi mente ciudadana y lejana

absorta en la contemplación de vida y movimiento

se emboto de una nueva razón para entender el gran misterio.

 

Con la simplicidad con que rueda entre las piedras el agua,

mientras me bañaba en el arroyo que baja de la peña

 rodó mi pensamiento hacia un sugestivo estado de ensueño:

en una transfiguración lenta y extraña a mi conciencia

empecé a sentirme parte del todo circundante.

Se derritió mi esencia para transformarse en agua y corriente.

Empecé a ser piedra y arena,

 raíz tronco y rama también me convertí.

Fui pez, hormiga y gusano, ave viento, sol y árbol.

Era yo todo y todo era en mí.

Como TODO sentí el fresco del arroyo cristalino,

y también sentí su raudal;

palpe la fragancia de la tierra, su extensión interminable

 y su maternal fecundidad,

sentí el peso de la materia, su volumen y extensión.

Paloma sabandija y ratón también fui,

cucaracha y buey, araña, nube y bacteria.

Mi cuerpo no era el cuerpo que fue mío y fue de todos el cuerpo propio.

Fui sol, aire, paisaje; todo eso era yo y yo con ellos.

 y fui concepto, necesidad, sed y mentira, mal olor, oscuridad y luz.

Era yo hoy mañana y siempre, ira y ley, fuego e idea, satisfacción también fui;

amor, sobrevivencia y muerte, putrefacción y hambre,

calor,  noche, rencor también así fui;

 blanco, verde y maldad.

Fui indigencia, locura, ignorancia e insensatez

 tan fácil y natural como fui verbo y razón,

negro y finito eterno y brillante, e incomprensible y natural era mi esencia y no la era.

Eso era yo, ese era yo.

Yo era eso y más yo fui:

y fui la parte y el todo y fui lo pequeño y lo inmenso.

¡Y fui dios y fui Satán¡

y fui arriba y abajo

 opuesto eran en mi y yo era lo opuesto.

La convención no existía, los prejuicios se alejaron,

 el miedo desapareció, el instinto se opaco.

Muy pronto me vi caer dentro de un foso profundo.

Y fui foso y fui profundo¡

mas, el foso se estrecho:

no me importo su estrechez¡ empecé a sentir limitaciones.

 Algo comenzó a trazar por mis bordes un perfil.

Esto a mi no me inmuto¡

era un perfil conocido, era el perfil de mi cuerpo.

Alguien mi ajeno a mi lanzo la expresión mas dura

que como látigo ardiente me disgrego en mil pedazos

que afanados se apretujaron:

¡ERES TU¡

Y eso, si que me importo¡

De mi ensueño sin fronteras retorne pesadamente

 a mi cuerpo susceptible.

Empezaron a caer pesadas estalactitas por delante y por detrás

 por un lado y por el otro.

Convirtiéndose en prisión de mi cuerpo, que antes fuera,

momentos antes no mas, informe en el gran conjunto,

parte y todo de la forma,

forma sin forma en el todo.

Convencido de ser libre aun estando encerrado

 intenté ser mi prisión:

¡que gran dificultad¡

 se había acabado el encanto de ser el todo circundante,

que inmensa desilusión.

El arroyo empezó a tener su propia forma y razón,

el viento me fastidiaba, los zancudos me chupaban, las hormigas me trepaban,

 los arboles impedían que el gran sol me calentara.

Las cosas buenas y malas se empezaron a apartar,

un fastidio torturante me quería despedazar

 y vinieron los conceptos, la razón y la verdad,

dividieron opiniones, hacia un lado se fueron unos

y hacia el otro los demás.

Comprendí ya sin reservas la ilusión que me atrapo.

No por esto deseche para el momento oportuno

 convertir en realidad lo que un sueño me enseño:

ser yo todo y parte de este;

salir, mas no con la imaginación o ningún concepto enojoso,

  ni de este cuerpo humano mío limitado y sin sentido,

 abrumado y anheloso, de mis prejuicios humanos.

Hacer parte verdadera de las cosas que me rodean.

Ser átomo y ser partícula,

 ser energía y ser materia,

ser un humano terrenal que necesita de su hogar

por ser este su propio cuerpo, el mío y de todos el mismo cuerpo.