Wilmer Rivera

De Una Vez, Secundía

“Tal vez no ha de haber esperanza aquí,

pero no podemos perderla así.

La victoria no se alcanzaría

si no hubiese alguien con la valentía

de guiar este pueblo hacia un futuro mejor.

Por eso no se quejen…” decía el viejo Melchor.

 

Melchor del este, más brujo que celeste.

La aldea murmuraba y jamás callaba

Siempre pedían y siempre obtenían.

No aprendían, no tenían la mejor jugada

Pero el viejo Melchor, que bruto no era, los mandaba.

 

Un día, la aldea “Secundía”

Por medio de la vía

Llegaba a aquella caravana

De hermosuras errantes

 De muchas bulerías.

Melchor, el líder que valía

Venció a aquel errante maldito

Pero, en el pecho de Melchor quedó escrito

Que nunca más entrarían a un extranjero.

 

Melchor era padre de gran familia.

Cinco hijos, cinco hijas

No sé mucho, pero solo uno sobrevivió

 A aquel gigantesco batallón

Que el extranjero trajo e impuso.

 

La aldea Secundía que en fuego ardía,

Allí Melchor lloraba desconsolado.

Nueve de sus hijos con la muerte partieron. 

Sólo uno de ellos no estaba salado.

 

Hoy día, Melchor es nuestro líder.

Nunca nos ha olvidado, como muchos hacían.

Por ello, la muerte fue injusta

 Al llevarse a Melchorcito a un lugar mejor.

Destrozado ha quedado Melchor.

Nuestro buen señor, “el víver”.

De ahí el discurso de “la noche que ardían”.

 

“De una vez…” decía Melchor

De una vez, vengan.  De una vez salgan.

Salven a todo señor

Haced lo que más valgan.

No se rindan, jamás.  Que el futuro ya ví

Es más, lo viví”. 

 

Ahora yo soy líder

Y con palabra en la boca mía

Melchor decía: “De una vez…”

Pues hagámoslo.

¿Revolución? ¿Sí? Revolución entonces…