Ben-.

Agua y alma-.

La noche es un magma denso, donde se ocultan todas las voces. Quedan delineadas por sus antiguos ecos de esperanza o desesperanza, y las aves que gritan su celo por las avenidas, mantienen el corazón preso de una anarquía. Mi corazón ahora se ha cerrado y, aunque lo pusiera a auscultar el asfalto, su sensibilidad le haría caer de bruces contra el pavimento. Es un suceso cotidiano que las leyes de la hermenéutica sufran de agonía irremediable. Su aventura terminó en sus brazos llenos de sirenas. Yo destilo lo profundo de mi propia esencia. Y los cambios, las sanguijuelas del corazón, no obtienen más que sangre codiciosa y marcas en la carne. Yo violento el mundo con un solo manotazo. Y dignamente tiro de las luminosas hojas, hasta alcanzar gorriones en su nido. Mi hermano duerme. No sangraré por decisivos combates de luz ciega. Poblaré los enigmas para descubrirme ante el vacío. Como una roca mi corazón se ausenta ante las adversidades. Y se cubre de egragópilas y de pintura blanca ante el advenimiento de la noche con su luz lechosa. Hay un moribundo precipitándose por todos los recodos de los ríos. Y alguien que abandona su éxtasis por las laderas de los montañas. Un agua que suele bautizarme, demasiado densa como para poblar de nuevo el alma. Se exige que el pecho sea mortificado. Y las piedras de los lechos nuevamente molidas por el viento y sus ruedas. Una oración pequeña determina el golpe en los ojos podridos. La yema de un huevo de cernícalo concluye su etapa y cierra el agua del alma.

 

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