Anngiels Simplemente Mujer

DE SÁNDALO A ROSA

Mini cuento.

...
La encontró dormida, respiraba lento, su cuerpo olía a rosas más que las rosas mismas. Se acercó lentamente y besó frente, mejillas, los labios entreabiertos, se deslizó por el cuello, por hombros y se detuvo en la punta de los senos.
La miró y vio que sus pestañas, alas de sus párpados se despegaban apenas, el brillo de los azabaches que se escondían bajo los parpados era intenso y lograban siempre encandilarlo. Cerró sus ojos y prosiguió su camino, vientre, cintura, pubis, muslos, piernas y en sus pies volvió a detenerse. La lluvia de besos despertó al volcán, su lava se diseminaba por las fuertes columnas que guardaban el cráter, desde la almohada ella lo miraba con fuego en los ojos, pedía susurrando más y más lluvia de besos y caricias para calmar la erupción de aquel volcán que contenía todas las hogueras de su geografía.
Nunca podía negarse a su ruego y comenzó un camino ascendente por aquella extensión divina del que era adicto, esta vez lengua, boca, manos, la recorrió toda, llegando al cráter ígneo su cuerpo no pudo menos que deslizarse dentro y extinguirse en aquel fuego que lo consumiera hasta desaparecer como lo hace la ceniza tras el viento.
Ella exhaló un suspiro, las alas de sus párpados aletearon suavemente y se volvió a dormir oliendo esta vez a madera de sándalo, el perfume que él usara siempre cuando volvía para caer en su mortal telaraña.
 Ver