Aparente y atildado caballero,
arrogante te paseas por la plaza,
sin saber si al jugar tan alta baza
van a dar con el hueso del faldero.
Estirada y sacando mucho pecho,
la dama hace cantar a sus tacones,
y alborota al retén de los mirones
que al paso se apostaban al acecho.
Muy gallardo se acerca hacia la dama
y le propone un trago de cerveza;
¡pudiera ser que quede de una pieza
si ella esquiva con gracia tal proclama!
Le dedica un desdén con la mirada
queriendo aparentar indiferencia,
más el galán despliega su paciencia
y ataca con ternura renovada.
Un clavel en la mano le ha entregado
para intentar con arte convencerla,
y conseguir así de frente verla
sin que le tuerza el rostro de costado.
Sella una mirada cómplice el encuentro
tras la marcha de la dama encandilada,
que sonríe al saberse acorralada
por las artes del chulo allá en su adentro.
Classman