Ricardo Ismael

VINO, PANES Y LUNA

La tarde de nisán ensayaba su ocaso,
Alargando las sombras hasta su último fulgor,
Mientras el cuarto superior de la vivienda elegida,
Se preparaba con prisa para aquella ocasión.

Un gran mesón, tinajas y cestos,
Esperaban prestos la tan ansiada reunión,
Y recordar la liberación,
Del pueblo que había estado preso.

Al llegar los comensales desde fuera de la ciudad,
Suben presurosos, anegados por la ansiedad,
Pues la cena está servida,
También la última oportunidad.

Ya noche cerrada,
Llena estaba la luna
Su claridad vislumbra con velones el lugar
Y la Palabra está, pronta para emanarse.

Mucho he deseado, comer con ustedes esta Pascua,
Exclamó el nazareno, entusiasta y entristecido,
Pues de antemano sabía, de la traición de su amigo,
Por solo 30 monedas de plata, lo entregaría al enemigo.

Uno menos quedaba en la mesa, pues así sucedió,
Al tiempo que repartió, el pan entre los restantes,
Dijo El: esto será mi carne, mi cuerpo,
Y el vino que aquí dispenso, será mi sangre por ustedes regada.

Y aquello fue un nuevo pacto, el anterior ha envejecido,
De manera que por años, se realizará este acto,
Conmemorando lo vivido,
Por la paz en el mundo, hasta el último de los elegidos.

 

Ricardo Ismael.
Abril 2019