Luis Alvarez

IMPRESIÓN DE WEST BAY WOODS

Pequeñas gotas

posadas sobre la planta

de un cerezo de hojas púrpuras.

Quieren comunicarse,

antes de su caída,

con aquellas del abeto cercano.

Estas permanecen impertérritas

frente al apacible paisaje omahiano.

 

Pequeñas gotas.

Quieren contarles a ese impávido abeto

las travesuras de una noche anterior,

las visitas de sus demiurgos,

el baile de las horas,

la sencillez de sus pequeños cuerpos

que regarán el césped

de West Bay Woods.

 

Pequeñas gotas.

Si hubiesen mirado hacia arriba

habrían contemplado

los múltiples diseños del ocaso:

una tortuga que emerge de las aguas,

la bota-mapa de la bella Italia,

la Gruta de San Sebastián de los Reyes,

un enorme pato

que se engulle un pescado,

la Fontana de Trevi,

con sus monedas

y sus promesas de un hacer volver.

 

Pequeñas gotas.

Habían pintado el cielo

con otras formas, ahora caprichosas.

Mientras tanto, la lluvia continuaba pertinaz.

Aquellas gotas

hacían presagiar

curiosos y coloridos atardeceres

que, aunque bellos,

eran más oscuros

que los ocres de Roma.

 

                                                                     Omaha, verano del 2018.