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EN LA CÁLIDA ALCOBA

EN LA CÁLIDA ALCOBA

Baja la espesa niebla,
sobre la verde alfombra,
ensombreciendo el rostro,
de la agrietada tierra.
Pero el tiempo se afana,
en derrotar la idea.
Y en el trasluz que queda,
en sus grises guedejas,
se despierta sin tregua,
la voz se despereza.

Los latidos se pausan,
mientras la mente piensa.
Y el pulso se hace vago,
ante la ágil idea.
El segundero olvida,
su insistente tarea.
Y los nervios aplacan,
su frágil duermevela.

En su interior trajinan,
como gotas sin meta,
livianas sensaciones,
con su enorme tibieza.
La cara más oculta,
de los seres que piensan,
se desvela sin prisa,
para que se comprenda.

Claro rayo de Luna,
que entre los sueños entras.
Con tu rostro de nácar,
de plata tu silueta.
Sobre la almohada, ausente,
dormitas como yerta.
Pero tus ojos viven,
en las profundas cuencas.
Y las pupilas vibran,
nerviosas y traviesas.

Sueña la altiva Luna,
con ser su prisionera.
Y derramar su magia,
sobre la fértil tierra.
En la cálida alcoba,
donde nacen los sueños,
los lunáticos viven,
bajo su influjo eterno.
Las negras pesadillas,
a veces se deslizan,
como un mago siniestro.
Y la cálida alcoba,
aterida de frío,
se congela de miedo.

Tibia luz que te asomas,
al dintel de la vida.
Entre las densas nubes,
que la ocultan y ciegan.
Luz de tenue sonrisa,
que entre las muecas naces,
como brillante aurora.
Inunda los senderos,
que tu presencia ignoran.
Con tu ágil presencia,
cambia en luces las sombras.

Que la vida despeje,
la oscuridad que asola.
Y la tétrica sombra,
torne a luz sanadora.
A.L.
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14/03/2019