Laura Ontiveros Plaza

Nudo

Y esa noche

nada más quedó el rescoldo

de este amor que ha ardido obstinadamente

hasta en esos inviernos desamparados.

Y cada verano cuando nos vemos

escribimos libros,

inventamos plegarias,

y el fuego brota de nuestros poros,

como hormigas que salen de su nido,

buscando el primer rayo de luz.

Nacemos otra vez,

y morimos en la piel.

 

No puedo dejarte de tener,

no puedo apagar ni con tierra

las llamas que nacen

de tus pupilas negras.

 

Y donde se supone que estaba mi corazón,

escarbaste hasta llevártelo con todas sus venas,

dejaste grandes cráteres en mi pecho,

cráteres llenos de aire,

sedientos.

 

Por eso vuelvo cada tarde

a tocar la puerta y subir escaleras,

para visitar a mi corazón

a quien cuidas y alimentas.