Febrero es nuestro mes; en él nacieron Rosa Parks, Thomas Edison y otros notables. Sin embargo lo más importante es que en él, celebramos la independencia de nuestro país, el Día del Amor; tu cumpleaños y también el mío.
Indudablemente lo que tú sientes por mí y lo que yo siento por ti; es singular; trasciende la esfera de lo cotidiano y trivial; nuestros senderos; unidos y marcados están porque nuestro Creador Supremo así lo ha designado.
Ocho largos años, setenta mil ochenta horas divagamos por áridos desiertos experimentando insípidas sensaciones; desprovistas de satisfacción alguna; mientras todo ese trayecto en nuestro interior el torrente amor que sentimos, fluía cual caudaloso río.
Recordarte; decir que siempre te he recordado no es apropiado. Solo se recuerda a quien una vez se ha olvidado. A ti nunca te he olvidado; siempre te he llevado presente en todas las situaciones y por todos los lugares donde he pernoctado.
Doy gracias al Todopoderoso, por mirarme con su misericordiosa vista e iluminar mis sentidos hasta poder; después de dieciocho meses de continua búsqueda; con un ejemplar oficial bombero tropezar; quien con su acto mi alma dispensase del desvarío
Amor mío, celebrados amores habrán muchos en los anales de la historia; en efecto innumerables volúmenes sus relatos han llenado; pero un idilio como el que tú y yo vivimos; a prueba de todo, nadie; absolutamente nadie jamás ha disfrutado.
Los días contigo -aún permeados por la lontananza- exhiben un nuevo matiz. Suspenso en ti; transcurren los minutos, horas y los días. Las sensuales imágenes de los intensos momentos que hemos compartido; recurren una y otra vez y sacudido por una metamorfosis sonrío.
Ignorar, o pretender desentendernos de este tierno y puro amor es como querer obviar que ambos nacimos en febrero. Es objetar que al día le sigue la noche; que los planetas de nuestra galaxia giran en torno al sol y que este jamás ha brillado.
Zarandeados hemos sido, cual heno o veleta llevados por los vientos de insensatos arranques pasionales; mas sin embargo, hoy, revestidos por la experiencia y sabiduría que solo el discurrir del tiempo proporcionan; robustecido se encuentra nuestro idilio.
¡Al fin reír, celebrar y henchir nuestros corazones de regocijo tú y yo podemos. Alabado sea Dios por su infinito amor y misericordia; cuánto te amo Negra mía; felicidades en tu Día; por la gracia Divina y para siempre; nuestras gemelas almas hemos vinculado!