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Santiago Miranda

Que asco la gente, digo

 

 

Que asco pero no puedo
Dejar de mirarla atentamente
Atraído por su particular belleza
Fea, imantado    /ahí me pierdo -ser

eno- Y gano/.  Por su deseo
o el deseo de mi deseante
No puedo sino intimidarlos
Con la cuchilla de la mirada
Abrirlos lentamente: gozarlos
Como a un regalo del azar
/Qué - podrían ser, qué +/
Más qué bellos que desnudos
No puedo sino intimidarme

Íntimo momento en masa
Sentirme vivo: inmiscuido
8.04 am en un vagón del metro
Son miles en estas ciudades
Los que van durmiendo, casi
Durmientes de la vía, maderos
Del tren de la historia que es: horror

Prefiero ante todo verlos, verlas
Soñando hundirme más allá de cada pliege
De la ropa o el piel (sinónimos de lo mismo)
Ocultar a toda costa la ausencia: el vacío
Es indispensable ahora tú: ahondar la imagen

Fusionado en cada segundo, sobreviviente
De la propia imagen /a donde habrán de ser
Llevadas estas masas sino a su matadero
Cotidiano -oigan esto se ha dicho tanto abtes-
-INTUIDO DE ANTEMANO NO NOS SORPRENDAMOS-
Entonces nuestros tiempo machacado: átomos
Desprendidos de la carne: invisibles y vitales
Pequeñas angustias, más allá de lo necesario

Jueves cualquiera 8:16 am