Natanael Berrios Sandoval

Cielo

Pierdo la vida y es la culpa del cielo;

en su añil reflejo no hay salvación.

Y en su ley consúmase el anhelo

 

de un risueño amor sin su maldición.

Miro que su faz es un plúmbeo horizonte,

y sus ojos, gran Hermes de condenación.

 

Envíame sin óbolo a Caronte

Y acúnenme en su lacrimoso río;

y llórenme los ángeles del gran monte.

 

Y si al firmamento de mi vil hastío

obedezco con lánguida mesura

Puñal divino extinguirá mi brío

 

Mas, por terror atroz, mi alma perjura

ante un pulcro altar de áspides lleno,

y su tósigo, mi arcón atesora

 

mi vientre vomita y grita mi seso.

Aún gran himno mi pecho entona

y mi sueño apela a su viril seno.

 

Cielo que muy bien escuchas mi pena,

de oro tu mustia calle no parece

si mis rosas se marchitan sobre ella.