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kavanarudén

Gracias vida

 

En ocasiones me refugio en mis recuerdos.

Me concentro en los momentos felices que quedaron grabados en mi memoria.

Sobre todo cuando me encuentro en dificultad, recurro a ellos.

La sonrisa de mi difunta madre, su voz cuando cantaba, sus manos hacendosas, las pocas veces que la escuché reír a carcajadas o la vi feliz. Su mirada orgullosa en las graduaciones de mis hermanos. Su porte, era una mujer de baja estatura, pero de una gran belleza.

El vigor de mi padre, sus consejos. Las veces que jugábamos a las cartas. Los paseos por el potrero, yo siempre detrás de él siguiéndolo y escuchándolo hablar. 

Las playas de Isla Margarita cuando íbamos de vacaciones, jugar, caminar por la orilla y alimentarme con aquel paisaje marino.

Los amigos de la infancia, en la escuela. Las travesuras que hacíamos, los momentos gratos pasados en el liceo. Aquella tímida adolescencia, pero bien vivida.

La vez que me fui de casa para realizar mis estudios en la capital. Aquel viaje en bus que duró toda la noche. Iba con una maleta plena de ilusiones, de sueños, de anhelos. ¡Qué tiempos aquellos!

Mi primer amor, aquella ilusión que despertó mis sentidos. Mi primera experiencia. 

Los paisajes de La Gran Sabana, un lugar mágico venezolano que tuve la dicha de trabajar. Caminar en plena sabana, bañarme en cascadas, correr libremente. Contemplar las noches, mirar la luna llena reflejada en la laguna. Admirar millones y millones de estrellas, alguna fugaz de por medio. Respirar aquel aire puro.

Mi experiencia en los caños del Delta del Orinoco. Aquellas fértiles tierras de las cuales soy oriundo. Dejarme deslizar por la curiara y navegar río adentro.

Tantos rostros amigos, tantas cosas compartidas, vividas….

Esas y muchas otras remembranzas son las que me dan ánimo cuando estos flaquean. 

¡Qué gran oportunidad el vivir! ¡Qué gran aventura! ¡Cuánta enseñanza, cuántas cosas aprendidas! 

Aún hay mucho camino por recorrer.

Solo me resta decir: ¡Gracias vida!