Lucía Díaz

SIMPLEMENTE MADRE-MAESTRA

¡Oye mamá!,

¿Cuántas veces me dejaste sola en un día de las madres?,

mientras mis compañeros en la escuela, 

junto a las suyas, jugaban y reian alegres.

 

Cuando triste, quizás melancólica te daba quejas,

sólo me pedías que tuviera paciencia

observando en tus cansados ojos,

un dejo de tristeza.

 

Ahora puedo decir que te entiendo

y quiero más a mis maestras,

porque ellas, han tenido que dejar a sus hijos solos.

para estar conmigo en tan importante fecha.

 

Ahora te veo madre, en mi maestra

y quiero que tus estudiantes,

así, te vean y te quieran.

 

Perdona madre tantos reproches,

pero a mi corta edad no podía entenderlo.

 Cuando paseo junto a ti por las calles,

no imaginas la emoción que siento,

cuando se te acercan niños, jóvenes y adultos,

y con gran cariño te preguntan, ¿Cómo está maestra?.

 

Dios me bendijo al ser tu hija.

Siento que siempre estas conmigo;

el cariño y aprecio que te tienen se manifiesta,

al encontrarme con un panadero, un  médico,

un albañil, un maestro,

un  ingeniero, un  abogado o un arquitecto, ...

que al verme, con tono amable se refieren a mí diciendo

-Ella, es la hija de mi maestra-.