Hector Augusto Cuestas Venegas

¡Qué importa ya!

¡Qué importa ya!

 

Ya nada importa

que ponga menos huevos la gallina,

la ciencia ha creado

una máquina que la reemplaza.

Ya vale nada que el trigal

no prospere en las plantaciones,

pues de otros litorales

llega fácil a la mesa

un pan genérico

y a precio muy bajo.

Si la vaca no da leche,

¿Qué leche va a dar, si no hay pastales?

¡Ya inventaron una fórmula

de laboratorio para abastecernos!

Qué importa ya

que no exista un corazón sensible,

que no haya un alma vestida de verde

que no se dibujen sonrisas en los niños,

si el último humano auténtico

se extinguió hace siglos

y el mundo lo gobierna hoy

el imperio de la máquina.

Qué importa ya

que el último árbol pierda sus brazos,

que el turpial no adorne el cielo

y que el arroyo no cante en el campo.

Qué importa ya

que los ojos que me cautivan

sean lentes de contacto

y que la sonrisa que pretende

alegrar mi alma

tenga un halo artificioso.

Qué importa ya,

si mi corazón

hace mucho se adaptó

y tiene una carcasa plástica

para no sentir el dolor

propio ni ajeno.

¡Qué importa ya!