Alberto Escobar

De Esciro a Troya

 

 

 

 

 

 

 

 

Elegir el eterno de la calma
o el fragor de la gloria.
La molicie de gineceo o la
gloria de Troya.
El inmenso del púber o lo conciso
del adulto.

De la dulce atonía cotidiana al
vertiginoso frenesí del logro,
y volver a lo anodino, al dormitorio,
y morir por unos instantes.

Que la gloria sea reversible, breve.
Que el ansia de ser mortal no
desdeñe mi humilde jergón.
Que la ceguera, que el laurel del
triunfo no niegue la odisea de volver.

Pénelope sigue tejiendo el amor
y destejiendo la esperanza.
Laertes llorando el vacío trono,
espera a un hijo.
Ítaca me abrirá sus puertas.

Mi Ilíada transita del lecho a
la labor, mi Odisea el regreso.


No son veinte años, sí un suspiro.