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David Pech

Sentimiento XXII

Eres hermosa… eres hermosa… eres hermosa, de verdad. vi tu cara en un lugar lleno de gente y no se qué hacer, porque nunca estaré contigo.

James Blunt/ You are Beautiful.

Recuerdo muy bien esos primeros acordes de guitarra en aquella canción, fue en una noche de veintinueve de diciembre. La noche era fresca, pero llenaba mi alma de incertidumbre y pena, cuando comenzó la canción solo pensaba en ella, mi mente era invadida por su belleza; sus cabellos medievales rojizos, su rostro seductor e inalcanzable, esa simpatía que hizo admirarla y quererla con tanto anhelo. No tenía un cuerpo perfecto, pero para mí lo era. Encendí un cigarrillo; mientras fumaba, mis ojos se inundaban de tristeza, una lluvia de emociones encontrados me asaltaba a punta de pistola. ¡comencé a llorar! Y el coro repetitivo de: You ´re Beautiful, You ´re Beautiful, You´ re Beautiful, is´t true, me lastimaba tan violentamente, mi realidad era esa… jamás podré estar con ella, como la canción dice. El humo del cigarro me recuerda a ella; ese mal hábito que utilizaba para refugiarse de sus problemas, yo, lo comencé a utilizar para esconder mi dolor. Ese dolor intenso que me recuerda que jamás podré acariciarla, besarla, y mucho menos, decirle cuan importante es ella en mi vida.

Miré el cielo… era tan despejado que ni las estrellas salieron a brillar, la noche fue tan trémula, quería gritar… pero no podía, mis miedos me hacen mudo y desahogarme fue la decisión más absurda que por un segundo mis sentidos aclamaban. Eres hermosa… tu sonrisa dulce cuando miras una serie de Netflix, esas lágrimas puras que desbordas al mirar una escena ya sea de tristeza o de amor. Esa manera coqueta de hablarme ya sea por mi nombre o por mi apellido, ese perfume tan simple y obsoleto que te pones cuando vas a trabajar… tu manera de amar a tus seres queridos, esa manera tan loca de ver la vida, esa manera de hacer que mi vida sea divertida. Eres hermosa, y con lágrimas en los ojos puedo decir que ¡jamás estaré contigo!

Cuando la canción terminó, lloraba desconsoladamente, como un niño cuando pierde el juguete más querido, así fui… el siempre perdedor, el que siempre te adora y cada vez que te vea dirá; que lindo ojos tienes, debajo de esas dos cejas.