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Ludvaldo

CUARTO SONETO MÍSTICO O DEL VIAJE ASTRAL

El pálpito del mundo se notaba

del monte en la recóndita espesura

aquella noche misteriosa, oscura

y queda que la Luna no alumbraba.  

 

Del cuerpo denso traspasó la traba

mi cuerpo más sutil, de gran finura,

y a la región celeste -inmensa y pura-

sentí que muy ligero me elevaba.  

 

Atrás dejados piélagos de estrellas,

yo vislumbré tres luces aún más bellas

en ámbito más límpido y más alto,

 

y a punto de alcanzar el sumo gozo

sumíme nuevamente en este pozo

bajando, sin quererlo, de un gran salto.    

 

Osvaldo de Luis