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Luna plateada

Enigma

 

Supongo que la soledad no es sólo el sonido del silencio,
o el zumbido intermitente del sol en otoño.
Ni la sombra de sabores que sacuden mi sentidos causando una cirugía en mi entero ser.


Supongo que me he vuelto sensible a todo,
a aquella sensación de satisfacción,
a aquella serenidad, a aquella eficacia con que mis sentidos se sometían a la luz,
a la calidez de tu son de singular sencillez que solo tú sabes,
que solo yo escucho.

Supongo que ahora soy un suspiro,
un suspiro gigantesco del cual no se escapa nada.
Un suspiro de sueños que suceden en segundos insaciables,
de necesidad.
Sí, eso soy.
Un suspiro.

Suficiente para sentir,
suficiente para seguir siendo.


Supongo, según lo sugerido en secuelas de lecturas,
que la soledad no es sólo el sonido del silencio.
Ni la necesidad sin saciedad,
Ni sepultura sin muerte.
Surgiendo de la oscuridad en la que está sumergida.

Supongo que la soledad no es sólo el sonido del silencio
O el zumbido intermitente de sol al mediodía.

Porque supongo que me he vuelto susceptible, silenciosa.
En una secuencia, algo sencilla pero compleja en sí misma. Seriamente seducida por sutiles ciclos que suelen cambiar mi universo.

Supongo que la soledad no es estar sola en este cuarto,
ni sentirse sola,
sin ti a mi lado.