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Azul González

Enigma en un despacho

“Nada de alcohol” esta noche me supliqué,
si bien no hay nadie que me ofrezca
tampoco el “¡no!” escucharé.
En el despacho estoy, buscando unos archivos
que me lleven a ese olvido donde habita
ese momento congelado en el cual me das la mano,
no por necesidad si por curiosidad
¿Qué era esa energía que enceguecía  mi agonía?
¿Acaso no lo quise ver, lo esquivé, lo manipulé?

Tal vez mi ego lo escondió, lo aplastó
“¡que así estas bien, que vos podes!”
Habladurías ensordecidas sin sentido ni empatía.
Tal vez mi intuición lo rechazó,
“¡que no, no cambiarás, ese joven merece amar!”
Habladurías de la experiencia agotada por inercia.
Tal vez mi corazón se equivocó, no por distraído
si por rencoroso,
“¡que no piensas en mí, que no te importo!”
Habladurías afónicas rendidas, escondidas en el encuentro
de nuestra despedida.

¡Que tres! ¿No lo creen?
¿A cuál callar, a cuál secundar?  ¡Que misterio el actuar!
una fuerza sobrenatural parece irradiar
el camino previsto para nuestro destino,
prohibiendo a si mismo las puertas del
laberinto que nosotros inconscientemente construimos,
¡que característica! inconsciencia disfrazada de esperanza amor y calma.  

Esta es la última vez que yo te pienso y que te escribo.
Tras un impulso reprimido te imagino
acá conmigo, ¿qué calor deshielo este olvido?
¿Mi conciencia o mi sentir?
Interrogantes ya caducadas que prefieren fingir, huir y no oír.   
 

 

®Autor. Azul González