Nelson Griman

¡Por ahora no!

Desde que desperté he estado esperando este momento para recibirte; tengo cosas que decirte:

 

Podrás tú tener mi fin tomado, pero eso no te da el derecho de meterte entre mis sueños y metas, no puedes tener la potestad de sentarte en la orilla de mi cama las veces que te dé la gana obligándome a mirar mi reloj, no puedes llenarme de miedos cuando quiero experimentar algo ¡NO! ya basta de que seas tú mi mayor obstáculo.

 

Tú solo tienes mi fin, solo eso.

 

Te tengo en mi bolsillo derecho, no pienses que te he olvidado, las veces que puedo meto mi mano izquierda para ser un poco complicado agarrarte, pero igual lo hago, te consigo y te acaricio, hablo contigo como lo estoy haciendo ahora, te explico mis días de amargura que tanto de alegra y de felicidad que tanto te quiebran,  te propongo vidas que andan de vagas haciendo cosas malas, pareciera que fuese tu ejército.

 

¿Qué es lo qué quieres de mí? si sabes que aún no estoy listo para irme, cada día que pasa me conozco más o quizás menos, por ejemplo; no sabía que la muchacha que me gusta desde hace tres años también gusta de mí, ahora es mi obligación tenerla conmigo y tú no me lo vas a impedir.

 

Vete a ser alguien más importante, vete y tomate unas vacaciones mirando por el monitor de tu oficina cuanta gente esclava hay queriendo que te la lleves y tú por maligna la dejas sufrir como si estuviéramos en el mismísimo purgatorio. Espero que no tomes esto como una falta de respeto, ni nada que se le asemeje, pero pienso que tus malos actos sobre la humanidad bondadosa (la cual es poca) es injusta, te llevas a quienes merecen vivir 20, 40 o 60 años más. Y aunque esas personas hayan ejecutado un mal acto en sus vidas tú no eres nadie para condenarlos. En ocasiones he llegado a pensar que haces cierta cosa debido a que quisieras ser como nosotros –pero jamás podrás.- no eres más que un fin seguro el cual muchos le temen y otros retan. Yo no soy ni uno ni el otro, yo prefiero tener ciertas conversaciones contigo, como unos extraños conocidos.

 

Pero, por favor no vuelvas a visitarme ni a sentarte en la orilla de mi cama cuando yo no te lo permita, y mucho menos a obligarme a mirar la hora en mi reloj

 

[…] ya te lo dije, deberías tomarte unas vacaciones y aleja tu mala magia entre todos nosotros, y no te preocupes por mí. Yo estaré bien.