Denil Agüero

I

Girasoles en lampo, anhelando tu esmalte y mador,

guían a las centellas de sol a un lugar perfecto.

Lugar de múltiples limerentes, presenciando el arrebol, como epifanía de muerte y salvación.

Lugar donde te culpan a ti, a la droga que les entregas, donde odian la cadena sempiterna que tú no conoces.

Para todos ellos, verte es vida en su inicio y su fin, cuando la primera vez viendo tu albor, esclarecidos labios y pulcra cabellera, corazón y memoria prueban la amargura de ser impotentes ante el hecho mágico, eso que eres tú.

Para todos ellos, ese amor es la demora sobrenatural que nunca podrán cumplir, les duelen las entrañas y maldicen su sentimiento, uno y uno nunca sumarán dos, fallaron en la primera condena de la vida misma.

Condena son tus palabras difundiendo sabiduría, tu piel acendrada, incólume, casi nefelibata. Condena es tu ser psíquico, envidia de la bonhomía.

Yo solo culpo a tus ojos, decir que son ellos, zullencos, etéreos, casi iridiscentes, es aproximarse a la verdad.

Dos palabras para ellos

inmarcesibles

y final.