Raiza N. Jiménez E.

Enceguecer

Estoy mirando eso que voy dejando suelto y es mucho.

En esos retazos, hay tantas verdades y tantas mentiras.

Veo muchas alegrías y mucho más dolor que da el vivir.

No suelo distraer las emociones porque el pensar no me

da treguas y mi saber no toma los precisos descansos.

 

Hilvanando los tiempos, sin contar las horas y segundos,

la cotidianidad me hace trampas y, detengo mis pasos en

el regocijo de aquellos momentos que me fueron gratos.

No me quejo, porque a veces me pierdo y, olvido dónde

andaba, para dónde quiero ir o si ya he llegado y lo no sé.

 

Mi humildad, a veces se oculta y, la busco en la obediencia.

¿Cómo hacer?, me cuestiono, para conocer lo contravenido

Dios, o los que escriben de él, dicen que solicita obediencia.

Las dudas y los escandalosos titubeos, me poseen sin temor.

Miro hacia atrás, no quiero perder la senda, pero me desvío.

 

Me perturban los largos silencios esos que gritan lo no dicho

La curiosidad, no obstante, me acosa en una alianza eterna.

Allí, en ese soplo de vigilancia siento que la vejez se acerca

y me asusta no entender, no ver u oír, lo que debo conocer.

Por vergüenza podría atajar mi curiosidad pero, no claudico.

 

¡La verdad que te atormenta lleva gran carga de mentiras

que no se quieren conocer y, muchos menos, escuchar…

Sin embargo, de ellas conocerás cuando el tiempo del allá,

sea el propicio en el acá, ese tiempo nunca perdona al ser!

 

!No le temas a la luz y menos si llega del fondo del alma,

esa luz es la chispa divina de Dios que llega con el alba!

 

Raiza N. Jiménez/