J.R.Infante

En la solitaria calle

 

En la solitaria calle, la luna

sonríe tu ardor. Te desfaldo.

          Ahogan los movimientos, la guitarra

enfebrecida y la silenciosa cal.

Da un vuelco mi corazón.

Es la arena quien cobija,

las estrellas las que miran.

Te busco los frondosos muslos

y tus labios rezuman sabor

a espuma. Invitación a pasar

al jardín de las Hespérides.

Abro los ojos.

En mi alfombra favorita, jugamos

los tres sin vernos. Rosa me

pincha el vientre. Azucena lame mi pelo.

                       Me voy.

Por los pasillos te  encuentro. ¿Qué quieres?

se me hace día la noche.

Me fundo en el crisol. Me vuelvo

camisa de serpiente nueva.

                       Duermo.

Papel adhesivo la epidermis

vuelve a su cauce el río azul.

Tras las cortinas, entreacto:

crujir de labios y brazos

que desesperados buscan amparo,

picos y volcanes, sinfonías inacabadas

galope de caballo blanco.

                    Y el reloj de arena no consume

más que unos granos.

Crucifico los dedos. Por segundos,

el resto de mi ser calla y esconde

en una sábana su rostro de plebe.