Tantos días esperando que cambie,
tantas promesas rotas que duelen,
tantas heridas que no sanan.
Una guerra de corazones
donde no se conocen ganadores.
Y aun así el amor gana,
arrastra, quema, ciega;
nos deja seguir, resignados,
amando lo que nos hiere.
Amando e hiriendo.
Hiriendo y amando.
Que incoherente es esto.