Hablábamos de máscaras y de sangre
antes de cada travesura,
a veces tus lunares bellísimos ardían
junto a mis dedos góticos y zurdos.
En mí, se subyugaban tus maldades.
En ti, se compungían mis manías.
¡Vampiresa de púberes embrujos!
Vampiresa aprendiz, yo contigo
exprimía el instante del instinto.
Eran túneles nocturnos esas calles
y luciérnagas tus ojos encendidos,
y los míos, murciélagos sin rumbo,
succionaban el instinto del instante.
¡Inflamados murciélagos heridos!
Los lunares sanguíneos de tu cuello,
mis dientes ebrios, mi saliva ansiosa,
tu lengua adolescente con dos hebras
de víbora agitada pero ingenua.
Vampiresa de púberes embrujos,
nuestro idilio fue ráfaga de instantes
que a la vista de hoy sólo es luz ciega.
Vampiresa aprendiz, ya no lo eres...
cuando retornes no seré quien quieres...