alupego (Ángel L. Pérez)

MIRA DE FRENTE PAISANO

 

Lleva el estigma en los ojos,
por el dolor recibido.
En la perdida mirada,
que viaja hacia el infinito.
Indelebles cicatrices,
que en el rostro se revelan.
Como profundas las cuencas,
que al interior se repliegan.

Fatigoso el caminar,
arrastrado por la pena.
Pesado fardo en los hombros.
Como una prensa que aprieta.
Todo lo que queda atrás,
lastra su paso en la senda.
De goma parece el suelo,
que a cada paso le frena.

No sirve mirar atrás,
donde quedaron las tierras.
Las casas se desmoronan,
al fragor de la contienda.
De nada vale mirar,
los despojos que se quedan.
Van en el pesado fardo,
que transporta su consciencia.

Una luz brilla en su alma.
Como un lucero que cruza,
de parte a parte la Tierra.
En la insomne duermevela,
cruza veloz por su mente,
como una fugaz estrella.
Ante el cuerpo derrotado,
la esperanza hace presencia.
Pero pesa demasiado,
la losa de su experiencia.

Paso a paso, dolorosos,
Como dagas atraviesan.
Cada tendón, cada nervio,
que sostiene su osamenta.
Cada gesto es un relato,
que nos cuenta las afrentas.
Y es cada voz un quebranto,
de las fuerzas que le quedan.
El aliento como un fuelle,
que sofoca su paciencia.

No se avista el horizonte,
que las colinas condena.
Taladradas por los ojos,
que quieren ver las fronteras.
Más allá hay un resquicio,
de luz en la negra selva.
Puede que exista más lejos,
la voz de una nueva tierra.
Donde comenzar de nuevo,
con los restos que le quedan.

Mira el Sol,
siempre de frente.
Por cualquier rincón se cuela.
Y al ser vivo más pequeño,
con su calor le consuela.
Pero, el Hombre da la espalda,
cuando la pena es ajena.
No quiere mirar por dentro,
el valor de su miseria.

Mira de frente paisano,
para sentir tu vergüenza.
A.L.
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