A. Martinez

Somos nosotros.

 

La ciudad somos nosotros,
y en nuestras calles,
rugen las gargantas
llameantes
de los motores.

 

Nos transitan
tibias gotas de sudor,
que se evaporan,
al aterrizar
en la planicie roja
de los vientres.

 

La nube rosasea
expelida por los pulmones,
opaca la visión
y aguzaba los sentidos.

 

Todo tiembla
en medio de un sísmico furor,
a veces apurado,
calladamente rítmico,
a veces tranquilo,
ruidosamente candido.

 

Nosotros somos la lluvia
y la saliva,
somos el verano,
los alfareros,
el horno donde
se cocinan los ladrillos.

 

Entre nuestras piernas
se amasa el universo.

 

Eduardo A. Bello Martínez
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