Gerardo Barbera

EL SILENCIO DEL COSMOS

 

 

 

1.

 

La noche quieta,

siento un vago rumor,

náuseas  de alas rojas,

¡qué cerca está el cielo!,

pienso en la soledad,

el eterno silencio del cosmos,

llega el otoño.

 

2

 

El rumor de la madrugada,

le tengo mucho miedo

a ese perro desgraciado,

me espera ahí,

al cruzar la esquina de la bodega de Ramón,

¡Dios, mío!, ya quedan migajas

de lo que hace años era el “abasto”.

 

 

3

 

¡Cómo pasa el tiempo!, ¡Dios, cómo pasa! 

Hace poco murió,

se quedó dormido,

sentado en su silla de cuero,

murió pobre, triste y encorvado,

ya no quedaba nada,

ni una lata de sardinas, nada

 

4.

 

¡Cómo se ha ido la vida!

No hay casi nadie en la cola,  

llegué de cuarto. 

Los viejos de siempre,

la sequía en cada gesto,

la mirada lejana,

a veces, la noche es tan silenciosa.

 

 

5

 

El vigilante reparte los números,

casi cuatro horas de espera,

nunca alcancé el mar,

y soñé llegar lejos,

jugar con la nieve,

conocer Tierra Santa,

caminar junto a Ella

bajo el sol de Roma,

la Revolución se burló de mí,

ya el barco se ha ido.

 

 

 

 

 

 

 

6

 

Me dieron mi tique: \"104\",

aparecen las franelas rojas,

de esas que tienen “los ojos del Comandante”,

la muerte cotidiana,

el vacío sin lágrimas,

la fría llovizna,

un amanecer rasgado en el tiempo,

las aves nos miran,

me cubro en mi timidez,

llega el dolor y aparto la mirada,

mi voz se diluye en silencio.

 

 

7

 

Un sable verde y oscuro,

la muerte de las gaviotas,

se caen las espigas cansadas,

callados y fugitivos

doblamos las espaldas,

y entre inquietos recuerdos,

quedamos en el fondo

los cuatro viejos.