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Micaela

Deshabitada


Desterrada del olvido,
caíste en mis suspiros.
Abandonada y descuidada.
¡Cuánta belleza encandilabas!
Sin lecho donde descansar,
Sin muebles ni alcobas para alquilar,
te prestas a mis hombros,
como azucenas en primavera,
grávida soledad que te condena.
Ningún huésped puede con tu ausencia.
Te sientes tan bien como invitada,
y de la nada tus vecinos te proclaman
¡Oh templo despoblado!,
Ven a mi regazo.
Y despierta de esta morada
que no te pertenece,
a la que indebidamente te has inmiscuido,
porque el dueño golpea tu puerta y, ¿todavía no les has respondido?