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Maria L

Piedra

Súbitamente perdí los ojos,

los dedos,

un labio cayó pesadamente sobre otro

entorpeciendo todo proyecto de beso,

toda prosperidad de palabra.

Empequeñecí.

Mi nombre endureció sus letras.

Se me encogió la humanidad,

hasta mi sangre bajó la vista.

 

Desde que no creo en vos

toda yo soy una piedra.