TRINIDAD PINAZO

EL ECO

 

No me devuelve el eco aquella piel,
ni el olor de tus manos, ni el calor
de tu voz, acariciando dolor
y risas en la mía, aún por nacer.

Agita mi interior hambre de ti,
de agua marina y sol por engarzar,
impregnado en las cuentas de un collar
de vida, truncado, sin prevenir.

Y el eco es tibia sombra de aquel tiempo,
callada levedad que ya no llora
porque le falta música y aliento;

zigzag que merodea hora tras hora,
reverberar ahogado en el silencio:
nostalgia de tu luz, que mi alma añora.