Alastor Salazar

1999

Donde diablos estés. Por fin me atreví a resumir aquel año Juliesco. Cuando queríamos romper las ventanas de una casa que nunca fue la nuestra…y lo hacíamos. Donde diablos estés. Si lo escuchas. No te lo tomes a mal. Todo está pasando por el filtro del tiempo y mi imaginación siempre tramposa. Si te preguntas “¿se ha atrevido a hablar de él y de mí?” observa la cifra y considérate contestada. No incluyo nombres en ningún caso. Únicamente lo sabrás tú, que, en cierta manera es lo que pretendía. Un saludo desde la distancia. 1.999. El año del supuesto fin del mundo… en cierta manera… sí, el fin de ti y de mí… algo definible como un pequeño mundo infranqueable para el resto. Parecíamos extrañas plantas, creciendo más cuando menos agua y menos luz existían a nuestro alrededor. ¿Cómo podíamos pretender gustarle al resto? Nos conocimos sin raíces, andamos un tiempo juntos y en algunos momentos tuve la sensación de que cada uno de nosotros arraigó en el otro. Pero, de cualquier manera, ya era demasiado tarde para nosotros. ¿Cómo podían asentarse en la tierra dos seres tan volátiles? Donde diablos estés, ya es Agosto. Así que cada uno siguió el camino que le correspondía, y no hay nada más que decir. Hoy iré tarde a dormir. Te informo. Me imagino que mañana te levantarás temprano.