A. Martinez

Protegidos del olvido.

 

Cargo estos ojos repletos
de paisajes con ella,
ella en medio,
ella en las esquinas,
ella oliendo una flor
sin quitarle la vida;
mirando de vez en cuando
hacia arriba,
adivinando tal vez la forma
escondida en una nube engañosa,
reteniendo un pensamiento
que quiere volar,
o quizás dando la bienvenida
un recuerdo que llega.
Casi siempre
lleva un pequeño libro en las manos,
uno que sus ojos devoran,
de donde parte una voz
reconocible,
envuelta en palabras
que pasan dulces por sus oídos,
acompañándole,
como un abrigo tibio
que la protege del olvido,
que nos protege del olvido.

 

Eduardo A. Bello Martínez
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