Pedro Verlaine

Relojes

Víboras. Yacen víboras manifestando muerte,
engendradas desde ovarios monstruosos
que recopilan fetos en su intimidad
y van acercándose a los escandalosos relojes
que posan Clorato en sus ombligos.
Lo he visto. Y lo he ignorado.
Retribuido hacia un leño, un golpe de almohadas
y coscorrones lamiendo las cejas.
«No he sido yo» -reitero-, y sigo el camino de las mariposas
alcanzadas por la lluvia que también me alcanza,
bajo el sosiego de niebla y pegamento en los pies:
este rostro tuyo, doblegando al mío,
este intento imaginario por obtener la luz
y con la luz los besos de la sombra que la pierden.

He visto a Mme. Fassini, en mi intento por recordar París,
detrás de los pórticos, donde a extrañas horas
solía ordenar café y recitarme los versos de TS Eliot:

"This form, this face, this life
Living to live in a world of time beyond me”

Con tal sutileza, alcanzada a mis ojos,
y mi fraseo hacia los campos que cultivaron café,
-Colombiano, por supuesto- «No encontrarás
uno mejor que éste, Fassini, los frutos que emergen
de las manos del hombre llegan al paladar
con mayor sabor que aquellos que rozan las máquinas»

«Han llegado tarde», dijo mi hermano.
Él tenía una extraña enfermedad: creía estar enfermo,
y los días en que verdad lo estaba, nadie le atendía,
por eso, años más tarde, murió por cosas así.
Y Frissila, la hermana de Mme. Fassini,
Ella, ella me invitaba en las noches a saborear
los uno y mil rostros de la niebla, a veces, ocultos
bajo la canción de los pájaros, a veces, intrínsecos
en las venas otoñales que sepultaban las ninfas.

Pero toda mi voz naufragó muerta y muerta
renació del sepulcro, escondiéndose en las otras, las voces
que también renacían y colgaban sus timbres
en las ventanas y en los muelles desérticos
de San Bernardo, donde tejían hojaldas coralínicas,
ojos de peces y buzos examinando las playas.
Yo me detuve un momento: ¿Adónde habían quedado
aquellas cosas de las que hablaba antes?
Mme. ¿Y tu café, y los versos, y tu hermana
y la noche que me invitaba a saborear los rostros?

Ah, el camino jacto de vidrios hacia el sueño.
Ah, la raíz y el miedo cautivando las córneas.