Luis E. Calderon Romero

EL PARQUE.

Vagando por un parque de largas avenidas,

con árboles,cemento y humano trajinar,

tal como un microcosmo, pedazo de la vida,

perdido de mi mismo comienzo a meditar.

 

Los faroles timbraban con su tinte de oro,

las móviles figuras que por el parque van,

el policía,el muchacho,las jóvenes, los curas

e incluso prostitutas que dan el pan por pan.

 

El tañir de campanas completa mi agonía,

como un peso de bronce, vibrando sin cesar.

Haciendo resonancia marcial sobre mis fibras

y con todos los nervios a punto de estallar.

 

¿ Por qué besé los labios de una chiquilla ingrata?

coqueta como el viento, sin reposar jamás

o como remolino que baila en la distancia

envolviendo a otros chicos, repartiendo el pesar.

 

No sé si volveré mañana a ser el mismo,

sin ningún infortunio, dueño de mi solaz,

como un alma sonriente, sin temor a la vida

y sin ningún deseo de ya no ser jamás.

 

Pero hay un pajarillo posado en una rama

Que canta dulcemente, sin desdoro ni afán

Y sin estar atento a un entorno de dudas

da trinos de alegría por estar como está.

 

Entonces me lo pienso.No parque. Mejor vivo,

me arrancaré aunque sangre, esta vana ilusión,

¡Que vengan las mujeres, del amor siendo esquivo,

hasta que salgan callos en este corazón!