Wellington Rigortmortiz

* Sueño con gatos

Un olor a decepción

se puede presentir,

atmósfera de incertidumbre

que sopla su brisa magra

sobre la arena tibia

de un desierto de distancia

tan pasional como romántico,

felinos augurios

que prevenido tienen al amor,

el autor de la posible desgracia,

en incógnita se desliza

como serpiente al asecho,

arrastrándose

sobre su propio vientre,

el desenlace, fantasioso

emerge desde lo más

profundo de la imaginación,

de quien menos se sospecha

proviene la anticipada traición,

suele ser así el destino a veces,

predecible; sueños felinos,

latigazos a la conciencia

al despertar, difíciles descifrar

cuando el alma

esta aun adormecida.

 

Sueño con gatos,

no con serpientes,

el que calla otorga,

una verdad

entre miles de suposiciones,

estambres de lana son,

juguetes perfectos

para las garras que inquietas

tiran y aflojan

a los sentimientos

de quien se dice amar,

qué impulsa a un felino

regresar a buscar a su presa?,

su aroma?, el recuerdo voraz

de degustar su carne otra vez?,

o simplemente poseer,

acrecentar un ego?,

que incita a un ente

a transformarse en felino,

e ingresar en los sueños

de un caminante?,

sueño con gatos,

no son de color alguno,

no atacan, solo me observan,

estudiando

todos mis comportamientos,

y así tener algo que emular,

sé lo que piensan

y de qué forma lo hacen,

mas no sé quiénes son de tras

de ese disfraz aterciopelado,

ni que estrategias usaran

para dar su salto de ataque,

tan sorpresivo

como la muerte misma.

 

Sueño con gatos,

sueños sin desenlace a veces,

gatos que antaño

siempre advirtieron algo,

ayer un gato pequeño

mostraba su fortaleza,

hijo de tigre, hereda las marcas,

mas astuto que los demás,

más arcano, menos huraño,

la espalda le di

a esa realidad soñada,

con incertidumbre en el alma,

me aleje sin mirar

cómo se satisfacía

jugueteando con su presa,

y como esta

en su completa estupidez,

disfrutaba del juego

revolcándose ensangrentada,

el completo placer

suele provenir del masoquismo,

al alejarme de allí,

pensaba en voz alta:

“la decepción, duele mas

que el mismo desamor”.

 

Wellington