alejandro guardiola

UNA TARDE CUALQUIERA

Me vio la tarde absorto en mis recuerdos

temblando sin saber mi blanca mano

sabiendo que el placer es ese esclavo innoble

que a veces te pisa y te juegas la vida

 

Pero mis brazos insisten en abrazar al mundo

y canto al horizonte perdido entre las horas

transponiendo en la noche la ruta solitaria

en el aire sonoro de la campana celeste

 

Una tarde cualquiera se me fue la vida

soñando con aquello que nunca fue posible

somos peregrinos sin fe en el desierto

que surca los orificios polvorientos

 

Todo yace dormido en la penumbra

y un silencio muy largo va cayendo en el trigo

ante un libro de poemas delicioso y amargo

escribo las palabras de un ayer que se fuera

 

Nunca pruebes me dijo del licor femenino

un amigo entrañable que un día partiera

pues las mieles del sabor son a veces tan amargas

que al embriagarte en ellas se te va la vida

 

Dos mozas con sus cántaros se divisan apenas

y en la sana vivienda se adivina una sombra

un perro cruza raudo, la calle ligero

y yo estoy sentado en la orilla, a la sombra

 

Tengo miedo del placer que fácil se regala

y de los besos de mujer que no tienen sentido

al son de una música tierna, que entérnece el alma

pero para que vale el amor si no lo has vivido