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HS

NOCHE MILAGROSA

Aquel momento fascinante,
luego de la extensa espera,
había llegado sorpresivamente.
La lluvia aguardaba por nosotros
y ahí estabamos: solos tú y yo.
En la mitad de la noche,
confundidos en medio del raudal,
éramos un solo espíritu y un solo beso.
Llegaron las tazas rebozadas de café
y la manta nos brindó su calor en el sofá.
Como un relámpago, llegó el amanecer.
Fue la consumación,
de aquella noche milagrosa.