Tania CasFer

Los locos son ellos

El sol se desvanece 
dos labios bañados en carmín al borde del abismo se leen en braile, uno es más de copas y otro más de cerveza, mientras discuten cual es la mejor zona de la ciudad para besarse la noche les susurra suavemente en la piel que forman el tándem perfecto.
Amanece
una barba de tres días se eriza en la inmensidad de otra barba cuidadosamente descuidada, se cruzan sus manos en unas miradas que tocan cada rincón de sus espaldas.
Llega la tarde
entre cervezas se escuchan risas sinceras, sin embargo, si les preguntan no sabrían distinguir bien sus sexos, de lo contrario sentirian como sus corazones se rompen en pedazos, con la horrible realidad de haber caído en manos de quien no soporta la libertad con la que son capaces de amar otros.
Vuelve la noche
y entre tanto hay besos rojizos en barbas primerizas que no terminan de florecer, duelo de latidos que se salen del cuerpo.
Todas estas historias tienen en común la verdad de unos cuerpos que en un descuido olvidaron lo que su ropa interior escondía debajo y, fueron lo que quisieron, dejaron sello, fueron simplemente corazones intrépidos libres de juicios al servicio de otros que nunca sabrán amar.
Fueron ante todo humanos, humanos desnudos de odio, amándose con las manos llenas de la certeza de que los locos son ellos.