Zerimar Salazar

Amor en la Morada del Sol

Sangre noble de la tierra de Atawilpa

Príncipe de los eternos verdes

Y de la incansable morada del sol,

Donde el tiempo no muere,

Y donde la solemnidad es eterna.

Al norte fuíste, te llevaron a la fuerza

Sin saber que ibas a enamorar

a la princesa mestiza del Sur.

Dos fuerzas imparables e inseparables,

El fuego abrazador del Cotopaxi

Y el ardor guerrero del Malón

 

Que la eternidad nos sorprenda

Amándonos en las brazas de la oposición,

Y en el arrasador fulgor determinado

De la sangre nativa y del español

Un mar y dos países nuestros cuerpos separan

Un cordón luminoso une nuestras almas.

Ni el tiempo, ni la distancia mermarán nuestro amor.

Porque lo nuestro no es del acá, ni del ahora;

Es sin tiempo, sin espacio, sin hora.

Vos sos yo, yo soy vos.

La Costilla volviendo a su cuerpo de origen

Vuelta a la armonía celestial,

De la creación musical del Gran Creador.