A mi papá, un falso comunista.
Y entonces uno escucha a los comunistas verdaderos
hablar de minería, de burguesía, de epitafios posmodernos,
de Žižek, de antichavismo, de obreros fantasmales en decadente desilusión.
Y luego uno escucha a los otros comunistas verdaderos
hablar de estudiantes movilizados, proletarios en traje, de falsas revoluciones,
del Che, del capitalismo circuncidado, de álgebras resolutorias.
Y después uno escucha a los terceros comunistas verdaderos,
hablar de homosexuales, de música y tatuajes, de toros y marihuana,
de un anti-bolchevique, de ecologismo, de indígenas entrevistados.
Y como si faltara, uno escucha a los faltantes verdaderos comunistas
hablar de planes armados, de cadencias trituradas, de risas rotas,
de Stalin, de clases, de Palestina, de odio al mundo y a la vida.
Y luego hay un grupo chiquitito, de comunistas falsos,
como en rincón de presbiterios de sapos,
donde un puñado de sordos deja de hablar, y empuja al mundo.