Bolívar Delgado Arce

DOCE ROSAS PARA MAMÁ

En tu vientre fulgor de trino y canto

me fue dada la cuna más mullida

que cualquier mortal para sí querría

mas, tú lo hiciste para mí, dulce madre mía.

 

De tus venas el torrente enfebrecido

aligeró en sino la mítica simiente

que irrigó mis campos en vital porfía

cuando de un latido fueron dos, desde aquel día.

 

Tu vida, cofre sencillo de batallas duras

salpicó en gotas repetidas de nuevas existencias,

¡ay!, de vaivenes turbulentos, de sueños y penurias;

con temple, sacrificios, y glorias pasajeras.

 

Y enfrentando al peligro de la existencia

fueron tus brazos barrera infranqueable

que en cuidados prodigados me mecieron

y me enseñaron los misterios de la vida.

 

Nunca vi remisas tus manos, madrecita

para dar caricias, disciplinar mi pelo,

elevar la oración diaria, prodigiosa

que la fruta, el pan y la bendición ponían.

 

Y mientras los días me despertaban a la vida

fue tu amantísimo regazo fortaleza,

puerto de partida de mis sueños

y bálsamo de amor en mis tristezas.

 

Las cruentas estaciones del áspero camino

las dulces mieses de la humildad y la nobleza

por tus ojos hermosos mil veces remojados,

aprendí a ver, y a Dios, y a la pobreza.

 

La tierna sonrisa de tus labios, la palabra que no olvido

ni en sueños, que me animan madre mía,

dulcifican y regañan al nombrarnos

perpetúan mi nombre y el de mis hermanos.

 

Tu frágil figura, sencilla, bien amada

llenó de luz y alegría mi existencia,

tierna silueta que por siempre está en mi senda

brindándome amor, ternura y compañía.

 

Tu nombre se hizo eco más allá de nuestro alero

símbolo de unión, atadura, envolvente signo,

verde aroma y lozanía de fruta madura

estandarte imbatible en nuestro camino.

 

Y, tu pelo negro que no era ensortijado

que cubrías en la iglesia con una mantilla

fue acumulando años y trocaron su color,

indetenibles, postrimeros, para el más cruel dolor.

 

Y así, ¡oh madre!, fe, ternura y corazón

por tu entraña, brazos, sangre, vida; por tu ser,

eres fuente, cima, monumento y canción

y te llevo infaltable, convertida en oración.

 

Bolívar Delgado Arce