Alixena

Sátira

Suplicando clemencia a mi verdugo

me encuentro en el estrado sometida,

esperando el momento culminante

en que caiga silbante la cuchilla.

 

No digáis que para una poeta

no es romántica la guillotina,

que separa la cabeza del cuerpo

con solo un instante de agonía.

 

¿Puede haber una muerte más dulce?

¿Puede haber en ello maás poesía?

Muramos pues contentos y animados,

dediquemos al verdugo una sonrisa.