lucho pampa

¡BESTIA!

El circo lleno hasta reventar.

Envuelta en sus luces la bestia sale.

El fino clarin ya se oyo sonar,

prepara la bestia muleta y sable.

 

El toro surge como un tornado,

pisa la arena y rasca furioso.

Vibra el pueblo y emocionado

aplaude al rudo animal valeroso.

 

Soberbia la bestia se aproxima

embutido en su traje apretado,

elegante, valiente. Le animan

los vitores y cantos inspirados.

 

El toro embiste de repente,

violento esgrime su cornamenta.

La tribuna, con entusiasmo ardiente,

¡Ole! grita hechizada, contenta.

 

¡Ole! grita una y otra vez.

El toro siente menguar sus fuerzas.

La bestia es fuerte y agil de pies

y no da tregua a la triste presa.

 

Se siente de pronto desfallecer,

de su boca espuma abundante brota.

Siente la banderilla y la sangre correr,

siente el filo y la carne rota.

 

Mira al verdugo y se siente poseido

 de un hondo odio tempestuoso,

desea cobrar al infame engreido

su dolor y se lanza ansioso.

 

En la ultima embestida feroz

en su negra piel entra la espada.

Siente un dolor quemante, atroz;

corre la sangre desbocada.

 

¡mas no muere!, aun no es hora.

La bestia la espalda le da

atraida por palmas sonoras.

Tras ella el fiero animal va...

 

Silencio en la plaza... cae un sombrero...

 en su sangre se ahoga el toro...

caen los dos, la bestia primero,

corren peones gritando a coro

¡sangre en la arena! ¡muerto el torero!