¡El duelo del cóndor!
A lo lejos se pasea en sus profundidades níveas
un cóndor majestuoso que olvidó su casa,
y el viento lastimero le acompaña…
el viento que su dosel de plumas le atenaza.
Llora nuestra flauta andina,
llora al compás del viento que desgarra el alma.
Las nuevas multitudes hoy te reclaman,
anhelan saber del hombre, del tedio y de tu casa.
Llora la flauta, desgarra el viento,
¡el Cóndor busca su anhelada casa! Llora la flauta,
desgarra el tiempo,
¿quién nos despierta de esta hojalata?
Pico de piedra, rastro de plata,
¡el Cóndor busca su casa en el tiempo!
Se preguntan:
¿Qué buscaban tus feroces y raudales alas?
¿Y el encorvado pico que tu faz levanta?
¿Qué fue de la fuerza de tus garras?
Tu escultura antigua es un libro que amenaza.
Surge un recuerdo en lo vetusto de la sabia calva,
mas nada dice la singular siringe;
ella rumia al cielo y para siempre calla.
Llora la flauta, desgarra el viento,
¡el Cóndor busca su anhelada casa!
Llora la flauta, desgarra el tiempo,
¿quién nos despierta de esta hojalata?
Pico de piedra, rastro de plata,
¡el Cóndor busca su casa en el tiempo!
Los vientos de los Andes, en sinfonía grata,
rasgan vestiduras e intentan alivianar su marcha.
En mausoleos de oro, de piedra y hojalata,
desperdigadas duermen tus entrañas.
¡Reclaman la presencia e imponente de tus alas!
Y el pico amaestrado es una muchedumbre
que vela lo inevitable de su parca.
Cuando América entienda que la tierra sangra...
¡Cuando el hombre libre pueda blandir sus alas!
¡EL CÓNDOR VUELVE A CASA!
Racsonando Ando / Oscar Arley Noreña Ríos