Santiago Miranda

Uno es básicamente

 

Lo que hace con su tiempo
O lo que no puede hacer
O lo que no alcanzar a ser
De un tiempo que no le pertenece

¿Por qué? Lo ha vendido por no morirse
De hambre, de sueño, de sed ¿Por qué?
No lo sé y solo sigo su corriente, al alba
A enterrar al día en el concreto edificado
Al ocaso, volver hastiado a casa, buscando
Mil soluciones para no tener que volver mañana
A cometer el cruel pecado contra uno mismo:
El tiempo, sabiendo, esto no es a lo que aquí vinimos
Aunque no lo sabremos aún, estamos seguros
A esto de perdernos en el día por otros motivos
No es el motivo por cual caímos en el ascenso del mundo

No hay día que no vigile el sueño eterno y prometido
La ruptura de la historia, la independencia incondicional
Por la cual liberarme y enfrentar al día, ya libre
Pero no hay liberación individual sino colectiva

Pero no hay colectividad en las calles sino individuos innumerables
Cada uno luchando contra un sistema por su reconocimiento
Laboral (solo eres lo que haces, solo eres lo que produces)
Sistema que no es otro que el otro y su técnica

Cada uno es las maneras posibles de postergarse
Y no hay otra vía para la bíblica subsistencia:
Los que nada han tenido, nada habrán de tener
Y nosotros los mismos de siempre extrañamente de baja

Nos dimos, por vencidos, fuera de propio combate 
La idea de libertad ante la muerte, la amada consigna
De patria o muerte, siendo a nosotros a los que mataron
En cada posible dictadura, agachamos la cabeza resentida
Y proseguimos en el camino incierto de tanto siempre

Y en el fondo el poder remite al mal omnipotente
Del capital descontrolado, única unidad moderna de medida
Y uno no es lo digo, lo que hace con su vida
Usufructo de amos, beneficio de unos pocos, uno
Queda siendo algo como la idea de lo que gustaría

Ser, la elección mínima del problemático que hacer
Entre la limosna del tiempo minúsculo como trofeo
Indigno del resistir el despojo del día ¿Díganme cómo
Lo hacen para no dejarse ser, para ir contra su esencia?

Hasta el día del bautismo consagrado del fuego
Y la bendita metralla protegiendo a los justos
Asaltando al cielo por la providencial orden del caos
Desalojando a los vitalicios entes controladores del azar
En la expulsión del nuevo paraíso al amo de cuánto prójimo
Hubo tenido por instrumento de una razón sin criterio alguno