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Elena Hakkinen

Me Odio. Así de Simple

Soy Fea, horrible, arpía, decrépita,

no tengo unos pies bellos como los de las fotografías

y me acomplejo por ello. 

 

No tengo ojos bellos despampanantes para Resaltar.

Tampoco tengo una sonrisa que ilumina el rostro de la gente.

Ni mucho menos un cuerpo radiante y envidiable,

ni qué decir de las uñas largas, fuertes y pintadas de las chicas de mi edad.

 

Y saben ¿Cuál es mi mayor problema?

Sentir todo y al mismo tiempo nada; 

siento miedo, terror, amor, anhelo, furia, esperanza,

pero son todos sentimientos transmitidos que no nacen de mi alma,

por eso no siento nada, nada referente si salido de mí,

nada además de pena, odio, vergüenza. 

 

Tengo, tuve y tendré todo tipo de problemas.

Yo soy un problema. Yo soy EL problema 

Con mis pensamientos hirientes

Envidia de las chicas hermosas (y que ninguna esa sea yo),

Ese sentimiento desgarrador de perder a alguien que amo,

Ver morir a alguien amado,

La tristeza y desesperación de que ella me cambie,

Siento que no soy lo suficiente para ella,

Estar enamorada en secreto del chico que la ama a ella.

¿O tal vez amarla a ella?

Saber qué él cuenta sus problemas, sus dudas,

pensamientos y anhelos; y que esa chica no sea yo.

Saber que esa chica no soy yo.

 

Además quién no se enamoraría de ella, es hermosa, radiante, incandescente, única,

Es perfectamente imperfecta, cualquiera persona cuerda se enamoraría,

Luego estoy yo, la piedra al lado de la esmeralda,

nadie llegaría a amarme, porque todos se fijan en el aspecto,

y no poseo tal atributo (o ningún otro). 

 

Solo un ser ciego podría atreverse a conocerme,

al hacerlo correría por el olor a muerte de mi alma en pena,

eso horrible dentro mío, mi mal carácter,  mis ataques de ira y pánico,

mi sadismo, mi dolor, mi tristeza, alejo a todo aquél que amo.

 

Intento con todas mis fuerzas rechazar esto

como si mi cuerpo repeliera veneno en mi sangre,

tratando de olvidar o ignorar esto al sonreír.

 

Pero al final del día todo es una farsa, un engaño,

ignorar que cada momento de debilidad,

mis errores vuelven junto con las palabras hirientes

que usaron para describirme o usé para describirme,

ignorar el simple hecho, que me odio.

 

ELENA HAKKINEN